En fábricas, almacenes y centros logísticos conviven cada vez más personas, vehículos industriales y equipos automatizados.
Todos pueden desplazarse por una misma instalación, cruzar recorridos o coincidir en determinados puntos. Sin embargo, no todos se mueven, perciben el entorno ni reaccionan de la misma manera.
Esa diferencia es una de las claves para entender la seguridad en la movilidad industrial.
No estamos gestionando únicamente tráfico. Estamos gestionando la interacción entre elementos con distinta vulnerabilidad, peso, visibilidad, capacidad de maniobra y forma de tomar decisiones.
Personas, vehículos y equipos automatizados: comportamientos diferentes
Analizar la circulación interna únicamente como un conjunto de recorridos puede resultar insuficiente.
Una misma intersección puede ser utilizada por un trabajador a pie, una carretilla elevadora y un vehículo automatizado, pero las características de cada uno son muy diferentes.
Personas: el elemento más vulnerable
Las personas se desplazan a pie y pueden cambiar de dirección, detenerse o modificar su recorrido en función de lo que sucede a su alrededor.
Su trayectoria no siempre es previsible.
Además, ante un impacto con una carretilla, maquinaria móvil u otro vehículo industrial, son el elemento más vulnerable.
Por ello, la presencia de peatones debe considerarse especialmente en:
- cruces e intersecciones;
- salidas de puertas;
- pasillos compartidos;
- zonas de picking;
- áreas de carga y descarga;
- puntos con visibilidad reducida.
Vehículos industriales conducidos
Las carretillas elevadoras y otros vehículos industriales presentan unas condiciones muy diferentes.
Su peso y dimensiones son muy superiores a los de una persona y necesitan una distancia determinada para maniobrar, detenerse o cambiar de dirección.
También pueden existir limitaciones de visibilidad provocadas por:
- la estructura del propio vehículo;
- el mástil;
- la carga transportada;
- la circulación marcha atrás;
- estanterías, maquinaria u otros obstáculos de la instalación.
Además, su comportamiento depende de la percepción, atención y capacidad de reacción de la persona que conduce.
AGV y otros vehículos automatizados
Los AGV y otros equipos automatizados funcionan conforme a unos parámetros de navegación y unas reglas de funcionamiento definidas.
Dependiendo del sistema utilizado, pueden seguir recorridos establecidos o disponer de mayor capacidad para adaptar su trayectoria al entorno.
Esto hace que su comportamiento pueda resultar más predecible que el de una persona o un vehículo conducido en determinadas operaciones, pero no elimina los conflictos cuando comparten espacio con otros usuarios.
Un vehículo automatizado puede actuar correctamente conforme a su programación y, aun así, encontrarse con una persona o un vehículo cuya trayectoria cambie de forma inesperada.
Para conocer con más detalle cómo funcionan estos vehículos, sus tipologías y sistemas de navegación, puede consultarse nuestra guía de AGV industriales.
Dónde aparecen los principales puntos de conflicto
El riesgo aumenta cuando los recorridos de personas, vehículos y equipos automatizados coinciden.
No todas las instalaciones presentan los mismos problemas, pero existen situaciones que se repiten con frecuencia.
Esquinas y puntos ciegos
Una pared, una estantería, una máquina o una carga almacenada pueden impedir ver a otro usuario que se aproxima.
El conflicto aparece cuando dos recorridos convergen sin disponer de tiempo suficiente para reaccionar.
Cruces e intersecciones
Los cruces concentran movimientos procedentes de varias direcciones.
El riesgo aumenta cuando coinciden:
- peatones y carretillas;
- dos vehículos industriales;
- vehículos conducidos y AGV;
- AGV y peatones;
- varios recorridos con prioridades diferentes.
Pasillos compartidos
Cuando personas y vehículos utilizan un mismo espacio de circulación existe una exposición continuada.
La anchura del pasillo, el volumen de tráfico, la velocidad, la visibilidad y la existencia o no de una delimitación peatonal condicionan el nivel de riesgo.
Salidas de puertas
Las puertas industriales pueden generar puntos especialmente conflictivos.
Un peatón, una carretilla o un vehículo automatizado pueden incorporarse a un recorrido sin disponer de visión directa sobre el tráfico que circula al otro lado.
Zonas de carga y descarga
Las maniobras, el movimiento de mercancías y la concentración de vehículos y personas convierten estas zonas en espacios donde pueden coincidir varios riesgos simultáneamente.
Un mismo accidente puede tener causas diferentes
Muchas de estas situaciones pueden terminar provocando consecuencias similares, como un atropello o una colisión.
Sin embargo, eso no significa que todas deban resolverse de la misma manera.
Un atropello potencial provocado por falta de visibilidad en una esquina no presenta necesariamente las mismas causas que un riesgo generado por la convivencia permanente entre peatones y carretillas en un pasillo.
Tampoco es equivalente un cruce ocasional a una intersección con tráfico continuo en varias direcciones.
Por eso, la medida preventiva debe partir del problema real que existe en cada punto de la instalación.
Qué medidas pueden aplicarse para mejorar la seguridad
No existe una única solución válida para todos los conflictos de movilidad industrial.
La respuesta dependerá de las características de la instalación, los usuarios implicados, la frecuencia de paso, la visibilidad y las consecuencias potenciales de un accidente.
Separar físicamente los recorridos
Cuando sea posible, una de las primeras medidas consiste en reducir la interacción directa entre personas y vehículos.
Pueden utilizarse:
- recorridos peatonales diferenciados;
- barreras;
- protecciones;
- delimitaciones físicas;
- zonas restringidas.
La separación elimina o reduce el conflicto en lugar de limitarse a advertir de su existencia.
Mejorar la visibilidad
En otros puntos el problema principal no es que los recorridos coincidan, sino que los usuarios no puedan verse con suficiente antelación.
En estos casos puede ser necesario mejorar la percepción del entorno mediante:
- espejos de seguridad;
- señalización;
- iluminación;
- marcaje de recorridos;
- señales luminosas proyectadas.
Detectar la aproximación o presencia
Cuando la visibilidad directa no es suficiente o se necesita una advertencia automática, pueden utilizarse sistemas capaces de detectar la presencia o aproximación de personas y vehículos.
La detección permite generar avisos antes de que ambos usuarios alcancen el punto de conflicto.
Las advertencias pueden ser:
- visuales;
- acústicas;
- hápticas;
- combinadas.
Gestionar prioridades de paso
En determinados cruces no basta con advertir de que otro usuario se aproxima. Puede ser necesario establecer quién debe pasar primero.
La detección puede utilizarse para activar automáticamente:
- semáforos industriales;
- señales luminosas;
- balizas;
- advertencias específicas;
- otros elementos de control.
De esta forma, con un sistema de gestión de tráfico, una intersección deja de depender exclusivamente de que ambos usuarios detecten el riesgo y decidan cómo actuar.
Actuar sobre el propio vehículo
En algunas aplicaciones, la respuesta puede integrarse además con el vehículo.
Según las características del sistema y del equipo, la detección puede utilizarse para generar avisos al conductor o intervenir sobre determinadas funciones del vehículo.
La solución debe analizarse específicamente para cada instalación y equipo.
De una respuesta pasiva a una respuesta activa
Las medidas de seguridad no tienen por qué plantearse como alternativas excluyentes.
Una instalación puede combinar medidas pasivas, que permanecen presentes de forma permanente, con medidas activas, que reaccionan cuando aparece una situación concreta.
Por ejemplo, un recorrido puede disponer de delimitación física y señalización permanente y, además, incorporar un sistema que detecte la aproximación de una carretilla a un cruce y active una advertencia luminosa.
La elección depende del riesgo y de las condiciones reales de funcionamiento.
Lo importante no es incorporar el mayor número posible de sistemas, sino conseguir que cada medida responda a una necesidad preventiva concreta.
Analizar primero la interacción y después la solución
La prevención de atropellos y colisiones en entornos industriales debe comenzar identificando qué usuarios coinciden, dónde lo hacen y bajo qué condiciones.
Antes de seleccionar una tecnología o producto conviene analizar:
- quién circula por la zona;
- qué recorridos realiza;
- dónde coinciden esos recorridos;
- qué visibilidad existe;
- qué velocidades y maniobras se producen;
- con qué frecuencia aparece el conflicto;
- qué consecuencias tendría un posible accidente.
A partir de ese análisis puede decidirse si es necesario separar, hacer visible, detectar, advertir, gestionar una prioridad o actuar sobre un vehículo.
Ese enfoque permite tratar la seguridad de la movilidad industrial como un sistema completo y no como una suma de dispositivos aislados.